Nuestra Señora de la Macarena, venerada en Sevilla, representa a la Virgen Dolorosa, con el corazón traspasado por siete puñales, símbolo de los siete dolores que sufrió junto a su Hijo Jesús, aunque en sí la imagen no los lleve representados.
Los siete dolores
Primer dolor: la profecía de Simeón
«Simeón los bendijo y dijo a María su madre: He aquí, este niño está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para señal que será contradicha.»Lc 2, 34-35
Segundo dolor: la huida a Egipto
«Y se levantó de noche, tomó al niño y a su madre, y se fue a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes.»Mt 2, 14-15
Tercer dolor: la pérdida del Niño en el templo
«Y cuando le vieron, se maravillaron; y su madre le dijo: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te buscábamos con angustia.»Lc 2, 48
Cuarto dolor: el encuentro con Jesús camino del Calvario
«Y tomaron a Jesús y él cargaba con su cruz, y subía al lugar llamado Calvario.»Lc 23, 26 · Mc 15, 21
Quinto dolor: la crucifixión
«Junto a la cruz de Jesús estaba su madre.»Jn 19, 25
Sexto dolor: la bajada de la Cruz
«Cuando bajaron a Jesús de la cruz, su madre lo recibió en sus brazos.»Lc 23, 52-54 · Mt 27, 57-59
Séptimo dolor: el entierro del Señor
«Y lo sepultaron allí, y María Magdalena y la otra María miraban dónde lo ponían.»Mt 27, 61
Cada puñal evoca el Amor de la Virgen María, que, por medio del Divino Espíritu, participa en la obra de la Redención del Padre, oculta en el Hijo.
Historia de la imagen de la Virgen Macarena
La imagen de la Virgen de la Esperanza Macarena atravesó horas de oscuridad en los primeros años de la Segunda República Española, cuando la violencia anticlerical se extendía con la quema de templos y conventos, también en Sevilla.
Ante el peligro, un humilde sacristán se convirtió en custodio providencial de la Madre. La tomó y la llevó a su casa, donde la ocultó bajo unas sábanas, como si de un cuerpo vivo se tratara, velando en silencio aquel misterio escondido.
Más tarde, durante la noche, guiado por la valentía del Espíritu Santo, la llevó al Cementerio de San Fernando y, haciéndose pasar por marmolista, logró depositarla en la sepultura de Joselito el Gallo.
Joselito era aquel gran devoto de la Virgen, a la que había regalado cinco esmeraldas, conocidas como «mariquillas», como signo de amor filial.
Así, la Madre quedó oculta en la oscuridad de un sepulcro, como una llama escondida que no se apaga, preservada del odio republicano y guardada en el silencio de las almas fervorosas.
Durante dos meses permaneció allí, protegida, como si la misma historia repitiese que la Luz, aunque velada, lejos de ser vencida, arde gloriosa.
Este episodio histórico resalta que María permanece firme en medio del peligro, como protección y esperanza de los fieles, y nos recuerda que su corazón, traspasado por los dolores, es refugio seguro y mediación ante Dios.
La Macarena invita a los cristianos a contemplar el dolor con fe, a permanecer fieles en la adversidad y a ofrecer los sufrimientos en Cristo al Padre, por la redención de las almas.
Su festividad se celebra el 18 de diciembre, y en la Semana Santa sevillana, su procesión expresa la unión del dolor de María con la Pasión de Cristo, mostrando un amor que no se apaga ante la adversidad.
Subrayando así:
1) La virtud de la esperanza cristiana
«Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que, por su gran misericordia, nos ha hecho renacer para una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos.»1 Pe 1, 3
2) La fortaleza en el sufrimiento
«Todo lo puedo en Aquel que me fortalece.»Flp 4, 13
3) La confianza total en la voluntad de Dios
«Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.»Lc 22, 42